La jugada de Callejón

Pocas veces un movimiento ha definido con tanta exactitud el juego de un futbolista como lo hace el desmarque de ruptura a la espalda de los centrales con José María Callejón. El extremo motrileño, que explotó como punta en Valdebebas, ya realizaba esta jugada en el Real Madrid de José Mourinho, pero ha sido en el SSC Nápoles de Maurizio Sarri donde ha terminado de afilarla hasta convertirla en uno de los caminos más directos de los partenopeos hacia el gol.
Los números no engañan: con su tanto el pasado miércoles ante la Lazio, que curiosamente vino partiendo por dentro, Callejón suma 66 goles y 50 asistencias en los 216 partidos que ha disputado con el Nápoles. Es decir, produce más de un gol cada dos encuentros a pesar de jugar en el lado débil. ¿O, en realidad, es gracias a eso?
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Nada más llegar, Maurizio Sarri realizó el cambio que redefiniría el juego ofensivo de los napolitanos: Hamsik abandonó la mediapunta para pasar a jugar de interior izquierdo. Esto provocó que el centro neurálgico del equipo quedara fijado en dicho sector, por el que además también transita el incansable Faouzi Ghoulam y el siempre genial Insigne. Y, como consecuencia, el juego se alejó todavía más de la banda de José Callejón. Pero lejos de ser esto un problema, la asimetría futbolística del Nápoles de Sarri le ha ido concediendo al español el espacio que necesita su fútbol para ser realmente útil.
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Desde el lado débil, siempre separado de su defensor más cercano y sin que éste jamás pueda recibir ayuda alguna, José Callejón ha desarrollado su timing, su remate y hasta su técnica. En todos los sentidos ha crecido. De ahí que en muchas ocasiones haya pisado zona de mediapunta para dar toques que hace varios años parecían impropios en él. Sea como fuere, el movimiento, su movimiento, que mejor la define sigue siendo el mismo. Aprovechándose del ritmo al que juega el Nápoles, de los espacios que tiene siempre ante sí y de la amenaza que supone siempre el punta, sea quien sea, Callejón no para de romper a la espalda de ambos centrales esperando que el centro de Insigne sea lo suficientemente bueno como para que tener que dar, en el peor de los casos, apenas dos toques al balón. El Nápoles no necesita más de José. Ruptura, control, remate y celebración. Un movimiento acompasado que ya conocen todos, pero que nadie puede parar porque, para ello, los rivales se verían obligados a desatender la zona donde Sarri quiere tener el balón.

A pesar de ese tropiezo en la jornada inaugural, esta temporada el Nápoles vuelve a parecer uno de los equipos más peligrosos de la Champions League para los máximos favoritos. Su presión asfixia, su circuito asociativo marea y su delantera, con Callejón como gran secundario, propaga una enfermedad para la que no hay vacuna.
 En lo que ha sido capaz de incorporar a su repertorio para convertirse en un futbolista más completo y de una dimensión distinta a la que mostró en España. Callejón ahora mismo es un jugadorazo, un tipo que no sobraría en ninguna plantilla de la Champions. Y no tenía ese concepto sobre él cuando competía en La Liga.