El ímpetu de Fernández

Antes incluso de sufrir las consecuencias de su derrota en Waterloo, Napoleón Bonaparte ya decía que la victoria tiene cien padres, pero que la derrota es huérfana. Dicha frase ha sido utilizada en multitud de ocasiones para reflexionar acerca de la soledad del derrotado, pero si de la candidatura al título de Liga del Real Madrid de Zidane se trata tenemos que quedarnos con “la parte que nunca importa”, con lo que va antes del “pero”. Porque si el conjunto blanco suma al menos cuatro de los seis puntos que le quedan en juego el reparto de méritos deberá ser mucho más amplio de lo normal. No es ya una cuestión de competir como equipo o de química colectiva, sino más bien de cómo la inmensa mayoría de sus futbolistas se han ido alternando a lo largo de la temporada a la hora de tirar del pelotón.
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Esto ha sucedido, en primer lugar, porque Zinedine Zidane así lo decidió, así lo buscó y así lo potenció desde el primer día a base de demostrar una confianza plena e inquebrantable por cada uno de sus jugadores. Con una visión muy global, priorizando siempre el ganar la guerra a costa de poder perder ciertas batallas, el técnico francés ha ido responsabilizando a todo el vestuario del resultado final, aun a sabiendas, como ya sabía su compatriota, de que en caso de derrota no habrá nadie más responsable que él. Pero, claro, Zidane sabe que su confianza no es ni mucho menos ciega. Que contar con Varane/Pepe como tercer central, con Iscocomo jugador número doce, con James como opción puntual y con Morata como segundo delantero es algo que no está al alcance de ningún otro equipo del mundo. Por calidad neta, pero también por adecuación a los diferentes retos, la profundidad de su plantilla marca diferencias.

Y, pese a que todos pueden explicar esto de una forma diferente, con sus argumentos y sus matices, la visión no estaría del todo completa si no pusiéramos en valor la figura de Nacho Fernández.
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Del central madridista se ha repetido como un mantra -justificado- aquello de que “siempre cumple”. Pero éste elogio, que es el mejor posible para un cuarto central de un grande, se comenzó a quedar pequeño desde hace ya un tiempo. Su rendimiento individual, ajeno siempre al momento del equipo o a la falta de continuidad, se ha ido elevando conforme el paso del tiempo y de los partidos nos ha permitido conocerle mejor. Seguramente la mejor de sus virtudes sea su metódica concentración, esa que le lleva a cometer muy pocos errores y a permitirse el lujo de sumar aciertos como el del domingo ante el Sevilla, pero sí ha conseguido instalarse en un puesto tan exigente como el de central del Real Madrid ha sido sobre todo por su punta de velocidad. Ésta quizás sabe a poco por haber ido acompañando a tres de los centrales más imponentes del momento -y de la historia- en este sentido (Pepe, Ramos y Varane), pero no por ello es menor ni reseñable. Sobre todo en clave liguera, donde así logra controlar a la gran mayoría de delanteros rivales.

La base para Construir

Con la figura de Marcelino García Toral marcando ya el futuro más próximo del Valencia Club de Fútbol, éste es un buen momento para repasar el legado que deja Voro González como entrenador. Cierto es que el equipo che no despegó, no rompió a jugar y tampoco se mostró excesivamente regular, pero sí logró acabar con muchos de los vicios que había adquirido a nivel táctico y comenzó a generar soluciones de calidad que, quizás, pueden tener una continuidad.

Aunque por momentos Rodrigo fue de lo mejor del Valencia, sobre todo moviéndose para Nani y Munir/Mina, al conjunto che le faltaba una referencia arriba sobre la que, sobre todo, por girar en ataque. Simone Zaza ha sido esto… Y también bastante más. A partir de su gran trabajo con los centrales, de su capacidad en el juego directo y, al final, también de su presencia en zona de remate (6 goles), el punta italiano ha sido crucial para facilitar ciertos procesos que al Valencia de Cesare Prandelli se le atragantaban. Además, para completar su buen aterrizaje, en los últimos duelos Zaza ha dejado la semilla de lo que también puede ser su futuro por delante de Rodrigo Moreno en un 4-4-2.
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Una de las primeras decisiones como técnico de Prandelli fue la de adelantar a Dani Parejohasta la mediapunta. El italiano buscaba reactivar así el maltrecho juego interior del Valencia, que sin André Gomes se había quedado a cero, provocando que todas las secuencias de pases fueran muy previsibles y demasiado horizontales. Pero esto, claro, tenía una obvia contraindicación: perder a Parejo en salida. Para solucionar lo imposible, que venía a ser clonar a Dani Parejo, Voro subió del filial a un Carlos Soler que desde el primer instante demostró una interpretación del juego fascinante para su edad. Por delante de línea de balón, pero también ayudando en los primeros pases, el canterano significó una línea de pase súper constante para Dani. Así el Valencia fue cada vez más de Parejo, así el Valencia fue cada vez mejor. Y encima, ganó a un gran talento por el camino.

Demasiados meses, hacerle un gol al Valencia fue una cuestión de tiempo. Si se necesitaba poco para llegar, se necesitaba todavía menos para transformar dichas ocasiones en tantos. El punto de penalti era un oasis para los rivales, que siempre encontraban la manera y el espacio para marcar la diferencia. Sobre todo tras centro lateral. Sin embargo, cuando Voro normalizó la situación y el equipo se tranquilizó, Garay y Mangala se convirtieron en un argumento competitivo para, al menos, sobrevivir. Lo vimos en el Bernabéu, pero ha sido la tónica habitual en los últimos dos meses: el argentino y el francés convirtieron la duda en certeza. De ahí que en cuatro de los últimos diez partidos Alves consiguiera quedar imbatido.
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Los costados han sido el principal problema que ha encontrado el Valencia esta temporada de cara a juntarse sobre el campo. El poco retorno de los extremos, la ausencia de un mediocentro, los problemas de los centrales, las pocas ayudas de los dos interiores… Todo revertía en que los laterales, todos de un perfil -muy- ofensivo, destacasen más por sus defectos que por sus obvias virtudes. Quizás por esto Voro decidió apostar desde el principio por Montoya en vez de por Cancelo, ya que el español, sin ser tampoco un especialista, es más sólido que el portugués. Y el movimiento no pudo dar mejor resultado. Además de por el plano defensivo, reforzado por el colectivo, Martín Montoya ha brillado en ataque haciendo suya toda la banda. Ya fuera porque delante estaban futbolistas con juego interior (Orellana o Soler) o por puntas (Munir), ese espacio quedaba libre para que así Montoya llegara, tocara y gustara.

Cuestión de Madurez

Decía en cierta ocasión Enric González que para poder ser campeón de Europa había que haber sido antes semifinalista unas cuantas veces. Se refería así al valor de la historia y al peso del simbolismo y de la madurez en la competición. Ganar exige una trayectoria. Una trayectoria que también comprende el fracaso y la derrota. Sobre los sólidos cimientos que conforman el dolor y la frustración se han edificado las más importantes gestas deportivas. Perder para crecer y poder salir airoso de todas esas horas de la verdad que aparecen marcadas en el camino del ganador. Para encontrar el camino hacia el éxito y configurar el poso que consolide la trayectoria triunfal.
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Cada vez es menos habitual la sorpresa en el fútbol. Estamos cada día más acostumbrados a que pase lo que tiene que pasar, lo que casi todos prevemos e imaginamos en un escenario lógico. No hubo opción para el Paris Saint-Germain porque la realidad se encargó pronto de confirmar el escenario esbozado en la previa. No hubo resquicio alguno de duda sobre el paso firme del Madrid. Sin espacio para la incertidumbre, el partido del Parque de los Príncipes transitó por amables paisajes para solaz y disfrute de los de Zidane. La incendiaria puesta en escena parisina se fue al limbo por el agujero de las cosas que no serán recordadas. Defraudó tanto la mise en place de Emery que supusimos, erróneamente, que la pésima primera parte de los suyos formaba parte de un plan genial, maravilloso y sorprendente para apear al Real Madrid de su competición. Costaba creer que todo el empeño del rutilante PSG por sacar la eliminatoria adelante fuera el exhibido de inicio. La hoja de ruta más lógica marcaba una presión asfixiante de salida, aprovechando el empuje de la grada, y un primer gol tempranero para acercar el objetivo del 2-0 y hacerlo palpable desde el primer momento. Pero o el PSG no supo leer el guión o fue incapaz de interpretarlo como debía.
Con un único disparo a portería de los parisinos en toda la primera parte, al Madrid le era suficiente con dejar pasar el tiempo. No necesitaba de un esfuerzo ímprobo para contener el empuje local. Bastaba con un mínimo de orden en el centro del campo para dejar en evidencia la inoperancia de la exquisita pero roma vanguardia de los de Emery. No se hacía necesario ir a por el partido, bastaba con no dejarse vencer. Con un PSG tan melifluo y tan desconectado, la intriga de la noche giraba en torno a la correcta pronunciación del apellido de Kylian Mbappé, tan desprovisto de ideas y soluciones como el resto de sus compañeros.
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Podría decirse que al Paris empezó a escapársele la eliminatoria desde el momento en el que no se vio capaz de asumir los riesgos que el 3-1 de la ida le imponía para la vuelta. Con el empate a cero del minuto uno mantenía sus opciones intactas. Con el empate a cero del descanso las había perdido prácticamente todas. Quizá se vio deslumbrado por el rival. Por esa autoridad incontestable a la hora de mantener la hegemonía en una competición que bien merece el desprecio por la Liga. Por esa determinación que responde más a parámetros extrafutbolísticos, de convicción y madurez, que a la propuesta sobre el verde. El problema es que la maduración del PSG como club aspirante a lo máximo lleva dos temporadas deteniéndose brúscamente antes de lo esperado. La sensación que deja es de escaso crecimiento en este último año futbolístico. De inversión sin retorno. Le queda ahora al club parisino la complicada tarea de asimilar el fracaso. De entenderlo como parte de todo este tinglado y de asumir que su problema tiene una solución relativamente sencilla pero que con una exasperante condición indispensable: el paso del tiempo y el transcurrir de la historia.

De quien es la culpa

Al poco de fichar Mourinho por el Manchester United los medios españoles se hicieron eco del adelanto de un libro que se iba a publicar poco después de comenzada la temporada y que era, supuestamente, un retrato íntimo y personal del entrenador. Lo que le interesó a la prensa de aquí fue un capítulo en concreto en el que se hablaba de una falta de unión en el vestuario del Real Madrid porque Essien había celebrado su cumpleaños y sólo habían ido Modrić y Ricardo Carvalho. La cosa se quedó ahí. Como viene siendo habitual, nadie se molestó en ir más allá de copiar o contar lo que ya había publicado la página web de algún periódico que no era el suyo. Es el nuevo periodismo, que vive casi sin corresponsales y explica la realidad leyendo Twitter y portales de Internet. Yo, interesado en saber más, me compré el libro.
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Reconozco que, en el momento de adquirir el volumen, desconocía por completo que su autor, Robert Beasley, fuese un jefecillo de un diario inglés sensacionalista, adulador hasta lo enfermizo de José Mourinho. Desconocía también que había escrito el texto basándose en un puñado de entrevistas que le había realizado al técnico a lo largo de su carrera y unos cuantos SMS que se habían intercambiado. Un tanto osado por su parte pretender escribir el perfil de un personaje sin apenas saber de él. Un tanto ingenuo por la mía el haber creído que el escrito podía tener cierto interés. Pero más allá de esto, de la lectura de lo publicado se sacaba una conclusión clara: Mourinho filtra a la prensa más cosas de las que nos imaginamos. Sí, aquel que buscaba chivatos en el vestuario del Madrid, lleva pasando información confidencial a los medios toda su carrera.
Ibrahimovic al Barça, Diego Costa al Chelsea, oferta del Chelsea por Rooney, el propio Mourinho al Madrid y luego al Chelsea de vuelta… Son algunas de las exclusivas que, vía mensaje de texto, el técnico tuvo a bien revelarle al autor de la obra. También le reveló, aunque equivocadamente, que Guardiola iba a fichar por el Manchester City. Lo hizo además en la misma semana en la que el Bayern anunció de manera oficial la contratación de Pep. Un error grave que dejó en evidencia al periódico para el que trabajaba su confidente y por el que Mourinho pidió disculpas. Sin embargo, al mismo tiempo, culpó a Guardiola por haberle confundido ya que, al parecer, había contactado con un fisio amigo muy cercano de alguien perteneciente al staff del propio Mourinho y le había preguntado si quería irse a Inglaterra. Solo había que averiguar el equipo. Y como al Chelsea no se iba a ir porque ya se marchaba él y al United tampoco porque todavía estaba Ferguson (aunque se anunció su marcha unos meses después), el único destino posible tenía que ser el City.
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Por supuesto, Mourinho fue perdonado y la acusación de que Guardiola había conspirado en su contra, dada por válida. Quiero pensar que para cualquiera con dos dedos de frente, esto no tiene ningún sentido. Al menos para mí no lo tiene. Mourinho se pasó de listo y el periodista no hizo su trabajo como debía, ya que no consultó una segunda fuente. Me pregunto ahora, tras la estrepitosa eliminación del United en la Champions a manos del Sevilla, si Guardiola también será señalado por el escritor de cámara de Mourinho como responsable del acontecimiento. Al menos esta vez, la información es la que es y no ha hecho falta filtrar nada. Algo es algo.

Cara o Cruz

El Estadio de Riazor enseñó anoche la cara y la cruz de una misma moneda. El FC Barcelona, que se impuso con más solvencia en el marcador que sobre el césped, celebró su 25º título de Liga, el séptimo en los últimos diez años, tras derrotar a un Deportivo de la Coruña que, a pesar de poner al campeón contra las cuerdas durante largas fases del partido, terminó consumando su descenso matemático a Segunda División. Ahora bien, aunque será Messi, con su hat-trick, quien prevalezca entre las crónicas de lo ocurrido, el encuentro dejó otros dos nombres que, de no haber sido por ellos, el desarrollo –y quizá el resultado- podría(n) haber sido muy distinto(s).
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Como enseñó una vez más ante el Sevilla en la final de la Copa del Rey, el Barça volvió a repetir su eficaz circuito de salida en el que Rakitic, por el perfil izquierdo, y Messi, por el derecho, flanquean el primer pase de Busquets, quien parte casi desde los centrales. De esta manera, el Barça encontró una manera rápida, sencilla y certera con la que saltar el rombo medular del Deportivo. Una disposición que, mientras croata y argentino aseguran su viabilidad por dentro, Coutinho, como en el Metropolitano, volvió a aprovechar para escalar unos cuantos peldaños. Un método que Dembélé y Suárez, cada uno abierto hacia un costado, dieron forma de inicio; una colocación que agilizó el ritmo, pero que no aseguró el dominio.
El Dépor, a pesar del buen arranque culé, fue ambicioso con el balón en los pies. Y Çolak, que jugó por detrás de Lucas y Borja Valle, fue, en menor medida que Suárez, responsable de muchas de las cosas que acaecieron anoche sobre el césped de A Coruña. Para empezar, todo el fútbol ofensivo del equipo volvió a pasar por las botas del turco. Por delante de Guilherme, que hizo de pivote, y de Borges y Krohn-Dehli, como interiores en medio campo, Çolak volvió a ser el hombre que, cayendo hacia uno y otro costado –con mayor preferencia por el perfil zurdo-, permitió al Deportivo juntarse unos más más arriba; donde, con Juanfran y Luisinho, llegó a reunir a hasta seis/siete futbolistas a la vez; con el riesgo que eso implica.
Así las cosas, el primer tiempo del Deportivo, una vez consiguió sacudirse del dominio blaugrana dejó, ante todo, dos detalles a tener en cuenta: el primero tuvo que ver con el manejo del esférico, dado que llegó a enlazar cadenas de pases bastantes largas, aprovechándose de la intermitente presión culé; el segundo, por otro lado, escenificó la amenaza que, el pie izquierdo de Çolak, encontró a la espalda de Piqué y Semedo. Un espacio que siempre uno entre Borja Valle y Lucas llegó a completar, y que explica, en parte, los seis remates que probó antes del descanso sobre el fondo con la portería de Ter Stegen. En su segundo a puerta, hizo el uno a uno.
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Pero el plan del Deportivo acabó resultando más temerario que valiente cuando, tras quedarse sin el esférico, perdió completamente de vista a Messi. El ‘10’ azulgrana, que fue quien acabó reventando el partido en la recta final, encontró en Luis Suárez a su mejor socio. El delantero uruguayo, como decíamos, permaneció muchas veces abierto por izquierda, fijando así la posición de Juanfran, desde donde completó una de sus mejores actuaciones de los últimos meses: intervino en más ocasiones que Busquets y Coutinho, completó un 88% de sus envíos y, para colmo, asistió en los tres goles del argentino. Fue, de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro, una auténtica pesadilla para Juanfran y Albentosa. Aunque, antes de dar por cerrado este análisis, conviene señalar el impacto de Denis: entrando desde el banquillo y participando en los dos últimos tantos de la noche. A fin de cuentas, poco más necesitó el FC Barcelona para castigar un Dépor al que, de nuevo, sus buenas intenciones no le dieron para ocultar su fragilidad en las áreas; que es donde, todavía hoy, se pierden las Ligas y se salvan categorías.

Dybala

Dybala lleva una temporada muy floja y por eso Allegri se inclina por los 3 centrocampitas + Dogulas Costa aunque poco a mejorado el equipo. Genera poquísimo y siempre se mete atrás cuando está en ventaja. 

Yo pienso que un 4-3-1-2 con Dybala de segunda punta puede potenciarlo, pero sería un caso similar al de Real Madrid, perdería juego exterior y todo dependería en el estado de forma del equipo. Camisetas de Fútbol de las Selecciones del Mundial 2018.
 la Juventus se queda a la hora de generar por dentro con esta configuración del mediocampo, una vez cerrada las bandas sólo Dybala es quien puede aportar junto con Pjanic, todo es cuestión de si para Allegri vale la pena adecuar el sistema para potenciar al argentino, que siendo sincero no que este terminando muy bien la temporada.
Yo pienso lo mismo, depende del contexto. Pero con y sin Dybala la Juve busca todo por banda. El eterno cambio de orientación hacia la izquierda. Llevan así jugando 2 años. 

Y concuerdo que el mejor Dybala es que llega al área, cerrando las jugadas o dando el último pase. Como segunda punta, si lo pones a conducir contras o generar desde muy atrás mejor usar a Bernandeschi.
Massimiliano Allegri tomó decisiones de peso en su visita al Giuseppe Meazza, quizás motivadas por el hecho de haber perdido el choque de la pasada jornada frente al Napoli sin ser capaz de asentarse con continuidad en campo rival. Probablemente esperando una presión muy agresiva del Inter, alineó una zaga con Cuadrado y Alex Sandro en los laterales, dos futbolistas perfectamente capaces de conducir, saltar una línea y permitir la progresión del equipo desde una posición retrasada, además de su lógica aportación en el ataque posicional en un equipo que junta a Higuaín y Mandzukic en el área.Encuentra camisetas y equipaciones de la Liga: Real Madrid, Barcelona, Atletico de Madrid, Valencia, Sevilla.
Fue una decisión arriesgada, pero los primeros minutos del choque dieron la razón al técnico toscano. Así la Juventus consiguió asentar un sistema de salida donde podía pasar el cuero hacia fuera y progresar, y tenía además el apoyo por dentro de un Miralem Pjanic que comandó el primer tiempo con puño de hierro. A eso había que sumar un Douglas Costa que en este momento, por ritmo e intención, es el jugador más en forma del cuadro turinés, de modo que encontrarle en campo rival representaba una clara opción de desborde para el actual campeón
La expulsión de Vecino y la ventaja en el marcador aventuraba un contexto muy plácido para la Juventus. Sin embargo, el Inter fue capaz de competir a raíz de una decisión de peso de Spalletti, no de cara a este partido, sino desde hace ya un par de meses. Rafinha le ha ganado el pulso a Borja Valero en la posición de mediapunta, y aunque el Inter ha perdido un punto de referencia más pausado por delante de la línea de la pelota, es indiscutible que ha ganado un jugador más dinámico y con mayor despliegue físico, más allá de las evidentes diferencias entre uno y otro con pelota al pie.