Cara o Cruz

El Estadio de Riazor enseñó anoche la cara y la cruz de una misma moneda. El FC Barcelona, que se impuso con más solvencia en el marcador que sobre el césped, celebró su 25º título de Liga, el séptimo en los últimos diez años, tras derrotar a un Deportivo de la Coruña que, a pesar de poner al campeón contra las cuerdas durante largas fases del partido, terminó consumando su descenso matemático a Segunda División. Ahora bien, aunque será Messi, con su hat-trick, quien prevalezca entre las crónicas de lo ocurrido, el encuentro dejó otros dos nombres que, de no haber sido por ellos, el desarrollo –y quizá el resultado- podría(n) haber sido muy distinto(s).
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Como enseñó una vez más ante el Sevilla en la final de la Copa del Rey, el Barça volvió a repetir su eficaz circuito de salida en el que Rakitic, por el perfil izquierdo, y Messi, por el derecho, flanquean el primer pase de Busquets, quien parte casi desde los centrales. De esta manera, el Barça encontró una manera rápida, sencilla y certera con la que saltar el rombo medular del Deportivo. Una disposición que, mientras croata y argentino aseguran su viabilidad por dentro, Coutinho, como en el Metropolitano, volvió a aprovechar para escalar unos cuantos peldaños. Un método que Dembélé y Suárez, cada uno abierto hacia un costado, dieron forma de inicio; una colocación que agilizó el ritmo, pero que no aseguró el dominio.
El Dépor, a pesar del buen arranque culé, fue ambicioso con el balón en los pies. Y Çolak, que jugó por detrás de Lucas y Borja Valle, fue, en menor medida que Suárez, responsable de muchas de las cosas que acaecieron anoche sobre el césped de A Coruña. Para empezar, todo el fútbol ofensivo del equipo volvió a pasar por las botas del turco. Por delante de Guilherme, que hizo de pivote, y de Borges y Krohn-Dehli, como interiores en medio campo, Çolak volvió a ser el hombre que, cayendo hacia uno y otro costado –con mayor preferencia por el perfil zurdo-, permitió al Deportivo juntarse unos más más arriba; donde, con Juanfran y Luisinho, llegó a reunir a hasta seis/siete futbolistas a la vez; con el riesgo que eso implica.
Así las cosas, el primer tiempo del Deportivo, una vez consiguió sacudirse del dominio blaugrana dejó, ante todo, dos detalles a tener en cuenta: el primero tuvo que ver con el manejo del esférico, dado que llegó a enlazar cadenas de pases bastantes largas, aprovechándose de la intermitente presión culé; el segundo, por otro lado, escenificó la amenaza que, el pie izquierdo de Çolak, encontró a la espalda de Piqué y Semedo. Un espacio que siempre uno entre Borja Valle y Lucas llegó a completar, y que explica, en parte, los seis remates que probó antes del descanso sobre el fondo con la portería de Ter Stegen. En su segundo a puerta, hizo el uno a uno.
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Pero el plan del Deportivo acabó resultando más temerario que valiente cuando, tras quedarse sin el esférico, perdió completamente de vista a Messi. El ‘10’ azulgrana, que fue quien acabó reventando el partido en la recta final, encontró en Luis Suárez a su mejor socio. El delantero uruguayo, como decíamos, permaneció muchas veces abierto por izquierda, fijando así la posición de Juanfran, desde donde completó una de sus mejores actuaciones de los últimos meses: intervino en más ocasiones que Busquets y Coutinho, completó un 88% de sus envíos y, para colmo, asistió en los tres goles del argentino. Fue, de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro, una auténtica pesadilla para Juanfran y Albentosa. Aunque, antes de dar por cerrado este análisis, conviene señalar el impacto de Denis: entrando desde el banquillo y participando en los dos últimos tantos de la noche. A fin de cuentas, poco más necesitó el FC Barcelona para castigar un Dépor al que, de nuevo, sus buenas intenciones no le dieron para ocultar su fragilidad en las áreas; que es donde, todavía hoy, se pierden las Ligas y se salvan categorías.