Brasil

La baja de Dani Alves es sumamente sensible para la selección brasileña. La ausencia del lateral derecho, caído en desgracia el pasado mes de mayo, es un mazazo importante para una de las principales candidatas a la Copa del Mundo. Ahora, sin el ex de Bahía, Sevilla, FC Barcelona y Juventus, Brasil deberá avenirse, con todos los respetos para Fagner o Danilo, con un sustituto en funciones que pocas similitudes guarda(rá), siendo muy generosos, con el hombre que más títulos (38) ha cosechado en la historia del fútbol. Un duro revés que obligará a Tite a volcarse en cuerpo y alma para contrarrestar, pizarra en mano, una situación potencialmente peligrosa para Brasil; que, dada su particular disposición en mediocampo, depende muchísimo de la inspiración de sus costados.
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Como ya se pudo comprobar ante Croacia, en el primer partido (amistoso) sin el de Juazeiro, Brasil sufre para salir jugando desde atrás cuando el rival se esfuerza en presionar arriba. Ante dicha tesitura, y de la que seguramente muchas selecciones habrán tomado nota, la baja de Alves obliga a que Brasil deba recurrir, circunstancialmente, a dos alternativas tan singulares como variopintas. La primera pasa por Marcelo, habitual por el costado izquierdo; la segunda, mucho más pragmática, parte de sus centrales pero, a decir verdad, nunca se puede precisar dónde (o cómo) termina. La Brasil de Neymar Jr, Coutinho, Willian, Firmino o Gabriel Jesus no está hecha para un fútbol que se levanta del suelo.
Por todo ello, la figura del lateral izquierdo del Real Madrid adquiere un peso trascendental dentro del sistema actual. Suya, si Tite no decide lo contrario, será la responsabilidad de portar el esférico de un lado al otro del campo, para la cinco veces campeona del mundo. Un cometido que, por la coyuntura técnica que le rodea (entre el central y el teórico interior izquierdo), mantendrá su valor a cualquier altura sobre la que decida intervenir Marcelo. Ya sea abajo, para hacer avanzar a la selección; en mitad de campo, para juntar a Brasil alrededor suyo y de la posición de Neymar Jr; o más arriba, donde su imprevisibilidad le convierte en una amenaza indescifrable.
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Brasil, para ser la Brasil que muchos se atreven a apostillar como la verdadera rival a batir para las otras 31 selecciones del Mundial, tiene que vivir constantemente en campo contrario. Donde, la electricidad de Neymar, Coutinho y Gabriel Jesús, sumado al apoyo de Marcelo (¿y Danilo?), así como la llegada en segunda línea de Paulinho y Renato Augusto, puede cohabitar gracias a la presencia de Casemiro, Miranda y Thiago Silva (o Marquinhos) para apagar cualquier incendio. Porque la sensación que transmite esta Brasil varía mucho según la altura a la que su oponente trate de robarle el esférico. Una vez supera la divisoria –con las dificultades que ello entronca- esta Brasil asusta como hace años que no hacía.
Si todo, según parece, sigue su cauce y Coutinho es quien finalmente ocupa el extremo diestro de la selección brasileña, Tite se estaría guardando con ello dos de los revulsivos más potentes del campeonato (Willian y Douglas Costa).